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    Neva

    Neva

    de: 
    Guillermo Calderón
    Dirección: 
    José Bornás
    Reparto: 
    Lola Martínez
    Irene Verdú
    Jesús Arribas "Risi"
    Iluminación: 
    Juanjo Llorens
    Escenografía: 
    José Ruiz Saura
    Vestuario: 
    Pasparajote

    Neva, de Guillermo Calderón, supuso en su estreno un punto de inflexión en la Dramaturgia chilena y pronto pasará a ocupar un espacio relevante en el teatro contemporáneo, pues llega con una palabra nueva cargada de significados y de poesía. Hoy mantiene esa energía y actualidad reforzada por el nuevo impulso que estos últimos años ha tenido la Literatura dramática en los escenarios.

                 La trama se centra en el ensayo que tres actores intentan llevar a cabo de El jardín de los cerezos, de Chéjov, tan sólo unos meses después de su muerte. Entre esos actores está su viuda: Olga Knipper, lo que dará una dimensión histórica y de inmdiatez a la obra. Todo sucede en el 09 de enero de 1905, denominado para la Historia como el Domingo Sangriento. Más de doscientos mil trabajadores se reunieron a las puertas del palacio del   Zar Nicolás II. Pedían mejorar las condiciones laborales y su actitud era totalmente pacífica. Sin embargo, se ordenó abrir fuego contra la multitud y hubo muchos muertos y heridos. A partir de este momento se inicia una escalada de manifestaciones y huelgas que desembocará en la revolución rusa de 1917. Los tres personajes de Neva —El título hace referencia al río que baña San Petersburgo— son ajenos a esa terrible realidad y pasan el tiempo recuperando recuerdos e intentando ensayar la obra. Será el personaje de Masa el que enganche con los acontecimientos que están sucediendo fuera del teatro. 

                La palabra del  autor Chileno se revela en Neva como un detonador de emociones y de realidad social. De la mano de Olga Knipper, Masa y Aleko se van recordando pasajes en los que escenifican la muerte del autor ruso, este recorrido sirve para expresar sentimientos y deseos que van construyendo a los personajes desde dentro, desde sus deseos y sus sentimientos. Un realismo moderno que no se encuentra en la palabra sino en la situación interna de los personajes que abordan su presente desde una especie de confusión que nos los presenta como individuos desamparados.

                La obra se abre con un monólogo de Olga Knipper expresando sus miedos a la crítica y al fracaso sobre el escenario. Una bellísima intervención que da inicio al espectáculo. Se cierra de la misma forma, con un monólogo de Masa, pero haciendo hincapié en el espíritu crítico, anteponiendo la crisis social que está sucediéndose fuera del teatro a cualqueir discurso artístico, creando un espejo de realidad que nos hace pensar en la situación en la que nos encontramos y ante la que no podemos mostranos impasibles. A pesar de su pesimismo final, comenzará diciendo: Olga, va a haber una revolución y va a ser tan linda.

                Neva es una obra de personajes, de sentimientos, de teatro puro que se muestra desnudo ante el espectador, sin artificios literarios ni escondrijos donde el actor pueda esconderse. La belleza de su construcción nos va llevando desde los pensamientos y las sensaciones de los personajes hacia el exterior de los sucesos, tanto de la Historia, como es la muerte de Chejov, como de los acontecimientos que están empezando a convulsionar a la población y que traerán la Revolución que marcará a la sociedad rusa a lo largo de casi todo el siglo XX. En este camino nos sitúa Guillermo Calderón para hablarnos de hoy, para convertir ese recorrido en una mirada al hombre contemporáneo y que no nos deja impasibles cuando cae el telón.