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    Las flores de Don Juan

    Las flores de Don Juan

    Producción: 
    Nacho Vilar Producciones
    de: 
    Lope de Vega
    Dirección: 
    José Bornás
    Reparto: 
    Sergio Otegui
    Eduardo Velasco
    Anttonio Villa
    Antonio M.M.
    Jorge Basanta
    Rebeca Medina
    Mahue Andugar
    Delia Víme
    Iluminación: 
    Juanjo Llorens
    Escenografía: 
    Alejando Andújar
    Vestuario: 
    Lizz Bassi
    Don Alonso, hermano mayor de Don Juan y, por tanto,
    administrador de lo heredado tras la muerte de los padres de
    ambos, trata a su hermano con desprecio y autoritarismo,
    obligándolo a vivir en la ignominia. Don Juan, cansado de estas
    injusticias y aprovechando que un gesto de caballerosidad y valor
    que realiza a petición de la Condesa de la Flor le permite acercarse
    a ella, decide que va a consagrar sus días a intentar conquistarla, a
    pesar de la diferencia de clase. La Condesa muestra un fingido
    desdén hacia estas atenciones pero, poco a poco, Don Juan va
    venciendo las resistencias iniciales. Por su parte su hermano, que
    no tiene poca adición a los naipes, va dilapidando la herencia de
    ambos hasta el punto que Doña Inés, prometida de Don Alonso,
    rompe este compromiso y decide abandonarle a pesar de los
    sentimientos que por él tiene. Éste, abatido por las deudas, decide
    despedir a todos sus criados incluida la fiel Octavia, su secretaria, lo
    que da pie a que ella y Germán, criado de Don Juan, den rienda
    suelta a una pasión largo tiempo desoída. Finalmente, Don Juan
    consigue casarse con la Condesa y convertirse en Conde de la Flor,
    y Don Alonso, ante su miseria, cede en su orgullo y pide perdón a
    su hermano y a su prometida. Ambos le perdonan y se arreglan los
    entuertos con la boda de las parejas de enamorados.
    Las Flores de Don Juan es una historia peculiar, diferente, en la que
    Lope nos muestra su lado más humanista intentando producir una
    pequeña repulsa, un rechazo a ciertas costumbres de su época
    como el mayorazgo. Este hábito se consolidó al amparo de las
    Leyes de Toro de 1505 durante el reinado de los Reyes Católicos y,
    supuestamente, venía a impedir la fragmentación de los bienes
    conseguidos por los nobles en herencias de varios hijos. Dicha
    norma permaneció en activo hasta la Ley desvinculadora de 1820
    impulsada por Jovellanos y Godoy.
    Las flores de don Juan es una de esas joyas de nuestro Siglo de
    Oro que aún están por descubrir. El texto está estructurado de
    manera tradicional, la trama es clara y sencilla; además, posee una
    contundente unidad interna y una incuestionable y necesaria
    correspondencia entre los múltiples temas que la atraviesan, lo que
    provoca que la acción avance apoyada de manera magistral en el
    binomio amor-humor.